Guerra en Siria en 5 Minutos

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DPA: Sumergida en Cruentos Combates, Siria se Desangra a Fuego Lento


“Nos está ahogando. Bashar (Al Assad) nos mata poco a poco”, asegura una enfermera del hospital clandestino de Al Qusayr, una localidad cercana a la frontera con el Líbano que sufre bombardeos continuos desde hace tres meses.
Cuando acaba la frase, un hombre entra por el pasillo central cubierto de polvo gris de la cabeza a los pies, los ojos abiertos como platos, víctima de un mortero caído en el salón de su casa. La enfermera corre a ayudarle. Sólo tiene metralla incrustada en la espalda y ha tenido más suerte que el anterior herido, un civil al que los médicos dan ya por muerto.
Varios estruendos suenan en el exterior y se oyen tiroteos muy cerca, en medio de los fuertes combates que sufría la ciudad el pasado fin de semana entre las tropas del Ejército Sirio Libre (ELS) y las tropas de Al Assad. Éstas reforzaban sus posiciones con soldados venidos de Homs, según cuenta Abu Ahmad, comandante del ELS, aunque los rebeldes lograron frenar el avance. El resultado fue de 11 heridos, entre ellos cuatro mujeres de una misma familia, y un fallecido que enterraron a toda velocidad al día siguiente, porque las bombas pueden caer a cualquier hora del día.
En Al Qusayr, como en muchas zonas de Siria, la población se desangra gota a gota. Las tropas de Al Assad bombardean desde el exterior con ataques aleatorios, indiscriminados e imprevisibles, de modo que sobrevivir es sólo cuestión de suerte. Hay una media de uno o dos muertos diarios, en total 400 fallecidos en la ciudad y alrededores desde que comenzó la más sangrienta y larga de las revoluciones árabes a mediados de marzo de 2011. Incluso han tenido que buscar sitio para un nuevo cementerio de “shaheed” (mártires), porque el primero se les quedó pequeño.
El 70 por ciento de los edificios se encuentran destruidos o dañados, tres cuartas partes de la población ha huido a Damasco o al vecino Líbano y sólo algunas familias deciden quedarse, refugiadas en las plantas bajas de los edificios o en los sótanos de las escuelas de la ciudad.
“Llevamos aquí desde que comenzaron los bombardeos”, explica Mohamed, un padre de cuatro hijos que vive en un centro escolar con toda su familia, incluida la abuela. Sabe que en cualquier momento les puede alcanzar un mortero. “No tenemos luz ni agua aquí, pero hemos decidido quedarnos”, explica.
La zona se ha convertido en una especie de limbo sangriento. “Agradecemos que venga la prensa extrajera”, dice Abu Arab, comandante del ELS, “pero ni Europa ni nadie hace nada por nosotros, parece que todos están con Al Assad”. En la misma línea opinan los habitantes de Al Qusayr: “Sólo nos queda Alá”, dice Yassir, un ciudadano que ha decidido quedarse a pesar de los intensos bombardeos.
El ELS se ha hecho fuerte en esta región, donde ahora tiene unos 3.000 combatientes. “En un mes hemos eliminado cinco controles y ahora tenemos tres tanques de los suyos”, asegura Abu Arab. Hace dos semanas, su “katiba” (brigada) destruyó el ayuntamiento y logró acabar con decenas de francotiradores que, apostados en la azotea, llegaron a matar a unos 70 civiles.
No obstante, todavía quedan algunos en el edificio del hospital central, aún tomado por las tropas de Al Assad y donde se atrincheran unos 80 soldados, de modo que el centro sigue siendo una zona intransitable donde hay que cruzar calles a toda velocidad.
En el campo, la situación es también muy peligrosa. Grupos de “shabiha” (criminales del régimen) atacan las casas de los aterrorizados campesinos, a los que acusan de colaborar con la revolución, y los estruendos y combates son constantes en los alrededores de Al Qusayr y las zonas colindantes de la frontera con El Líbano, donde el ELS realiza operaciones de “limpieza”, acabando los controles del régimen.
Las famosas plantaciones de manzanos de esta región se han convertido ahora un enorme campo de batalla donde las tropas de Geish al Hor (ELS) y el ejército gubernamental tratan de ganar posiciones y se disputan el control de las carreteras. La entrada de suministros comomedicinas o comida por frontera libanesa es cada vez más difícil, mientras la guerra civil se recrudece y las deserciones se siguen contando con cuentagotas.



Fuente: Noticias 24

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