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A Un Año del Mayor Desastre Ambiental en la Historia de Hungría

En octubre del año pasado, el vertido tóxico de una fábrica de alúmina se tragó decenas de hogares en el oeste de Hungría en el peor desastre ambiental en la historia del país.

Hoy en día, no hay nada para fotografiar más allá del arroyo que pasa por el pueblo de Kolontar. Apenas algunos charcos y malezas y un camino que termina en un basural junto a una zanja. Es asombroso cuán corto se ve un camino cuando todas las casas han desaparecido.

Diez personas murieron cuando dos poblados fueron arrasados por el vertido de la fábrica.

Erzsebet y Zoltan Juhasz recorren este sendero a veces y llegan hasta el lugar donde se encontraba su hogar. Hallaron incluso una planta de tomate, creciendo entre las malezas de lo que fue su jardín.

"La recogí y la planté en mi nuevo jardín y ahora está llena de fruta", explica Erzsebet.

Es el único momento ameno de una conversación en la que el tema central es aún demasiado doloroso para mencionar: el momento en que Angyalka, su hija de 14 meses, fue arrastrada de sus brazos cuando una avalancha de barro rojo invadió la casa de la familia el 4 de octubre de 2010.

Mientras hablamos en la nueva cocina, otra niña pequeña, Dori, de tres años, entra corriendo y riendo en busca de un compañero para jugar. Gergo, de siete años, se acerca con gesto solemne para escuchar a los adultos.

El padre pide a Gergo y a Erzsebet que salgan un momento, ya que no paran de llorar. Pero no quieren irse. Renata, de 13 años, está afuera. En noviembre, Erzsebet dará a luz un varón.

"Estamos muy agradecidos por toda la ayuda que recibimos, de la Cruz Roja, de una organización de caridad de la Iglesia Bautista, del Estado. Nos dieron esta casa, pero no tenían por qué hacerlo. Podían haber esperado a que la compañía de aluminio nos indemnizara".

Pero no fue preciso esperar. La mitad de Kolontar que arrasó el vertido fue reconstruida en tiempo récord y hay 21 casas flamantes en la parte más alta del pueblo.

Promesa cumplida

Cuando visitó la zona del desastre el 9 de octubre del año pasado, el primer ministro Viktor Orban prometió que todos serían indemnizados y que cada familia recibiría una casa nueva o el equivalente en dinero.Para sorpresa de todos, la promesa fue cumplida. Las casas son blancas y brillantes, cada una algo diferente de la otra.

La madera está barnizada y los niños juegan nuevamente en jardines. En la distancia se ve la meseta de Somlo, que es posible divisar entre la bruma."No me hubiera gustado mudarme a un lugar sin vista de la meseta", dice con una sonrisa Endre Csipszer, señalando con su mano el horizonte. Estamos ahora en el pueblo de Devecser, un poco más allá de Kolontar.

Se ve un gran complejo de viviendas, con 87 casas nuevas, cada una con flores en la ventana. Y varios trabajadores cargan sofás y muebles hacia los nuevos hogares. "Mire esto, algunos incluso llaman a todo este flujo de actividad el 'vertido dorado'"."Nunca soñamos con vivir en una casa nueva como ésta, dice su esposa Tereza.

Unos pocos muebles que lograron salvar de su antiguo hogar están en una de las habitaciones, pero todo lo demás en la casa es nuevo.Junto a las ruinas de la antigua oficina de correos en Devecser encontramos a Tamas Toldi, el alcalde del pueblo.

El correo es uno de los cerca de 300 edificios que debieron ser derribados, porque los cimientos fueron debilitados por el vertido corrosivo.

"En el pueblo habrá un parque con bancos, patios para juegos, estanques con peces y una cancha de fútbol. También se construirá un parque industrial donde esperamos desarrollar proyectos de energía renovable para crear trabajos locales”."La gente aquí ha sufrido mucho por culpa del daño ambiental. Es muy importante para ellos que los trabajos que se creen en el futuro no sean a costo de mayor destrucción de la naturaleza".

Batalla de indemnización

En los campos entre Kolontar y Devecser, Csaba Szabo, comisionado gubernamental para la rehabilitación de la agricultura en el área, muestra con orgullo cultivos de maíz, con plantas altas y verde oscuras, en el medio de un valle.

"En un principio pensamos quemar el maíz para biomasa, pero los estudios confirmaron que podía consumirse sin problemas". Aún así, se decidió que el maíz fuera utilizado para alimentar al ganado.Cerca del lugar se ha plantado un bosque de álamos, en una zona en la que el vertido alcanzó su mayor altura.

La capa superior del suelo debió ser extraída y reemplazada por tierra nueva. Los álamos son de crecimiento rápido y serán cortados en dos años como fuente de energía.La población local habla una y otra vez del increíble poder de la naturaleza para regenerarse y de la sorprendentemente generosa y rápida respuesta del Estado.

La operación de limpieza ha costado hasta ahora más de US$150 millones y aún continúa. Pero el gobierno insiste en que recuperará el dinero de MAL Zrt, la compañía de aluminio.

"Para que la empresa pueda pagar la indemnización, es importante que siga produciendo y generando ingresos", señaló Gyorgy Bakondy, jefe de la división de manejo de desastres del gobierno húngaro, quien ha venido supervisando el funcionamiento de la compañía.Bakondy monitoreó la implementación de un nuevo sistema para almacenar el subproducto de la obtención de alúmina a partir de bauxita (un proceso en el que se usa soda caústica. Una vez extraída la alúmina queda un barro rojo tóxico que suele almacenarse en depósitos a cielo abierto, que lentamente van perdiendo por acción de la lluvia y el tiempo su poder corrosivo).

En lugar de almacenar un fluido de barro rojo, se utilizará una nueva tecnología, que permite el depósito de residuos secos.El mes pasado, la empresa fue multada por un monto de US$650 millones.

La compañía está envuelta en un mar de procesos judiciales. Cerca de 30 víctimas interpusieron una demanda exigiendo indemnización y la Oficina Nacional de Investigaciones nombró a cuatro ex gerentes de la empresa como sospechosos en un proceso criminal.Por su parte, el gobierno confirmó que existen intensas negociaciones con la compañía y que hará todo lo necesario para que siga solvente y operativa. Una forma de conseguirlo podría ser la nacionalización parcial de la empresa.














Fuente: BBC Mundo
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