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Luto, miedo y deseos de normalidad en Costa de Marfil


Las noches enmudecen Abidjan –a ella que tanto le gusta vestirse de fiesta-. No del todo. Rompen el silencio patrullas nocturnas, caceroladas y estallidos de kalaschnikov. No se duerme en el barrio de Abobo. Ni en Adjamé, ni Marcori. ¿Cómo descansar entre el miedo y la alerta?  “Picaron al portal a las 4 de la madrugada”, cuenta D, “la gente del barrio nos había advertido que no abriéramos a tales llamadas nocturnas, que podía ser peligroso. Lo que no supimos hasta la mañana siguiente es que podían ser mortales. A uno de mis vecinos le mataron y se llevaron su cuerpo esa misma noche”. En su comunidad, en la zona popular de Abobo, los jóvenes han organizado barricadas con mesas y sillas de madera, cortan las calles para evitar que los hombres armados que aterrorizan la población se adentren entre las casas. En Adjamé, que, como Abobo, es de mayoría pro Ouattara, la gente usa sartenes y ollas, cualquier cacharro sirve, para hacer ruido. Con el escándalo tratan de ahuyentar los atacantes.
“Hay soldados de la guardia republicana, policías y hombres con uniforme negro y el rostro enmascarado”. C define las incursiones en Adjamé, aunque los testigos en los distintos barrios coinciden en la mezcla de uniformados de distintos cuerpos armados oficiales con lo que consideran milicianos. Encapuchados y de habla inglesa, “los milicianos liberianos” son los que actúan con menos escrúpulos. En Adjamé lanzaron granadas contra una concentración de gente matando al menos a tres personas, el primer día de hostilidades, mientras en Abobo les acusan de una matanza de 18. “Los vecinos del Oeste del país desaparecieron del barrio hace semanas. Son ellos los que les indican dónde atacar, por dónde ir y dónde encontrar a ciertas personas”, sigue C. Pero los asesinatos “selectivos” y las ejecuciones sumarias se mezclan con las arbitrarias a civiles, según cuentan los vecinos. Las Naciones Unidas ha contabilizado 173 muertos, 90 casos de torturas y malos tratos y 471 detenciones, entre el 16 y el 21 de diciembre y atribuye la situación al “uso excesivo de la fuerza por parte de los partidarios de Lauren Gbagbo”.
El jueves 16 de diciembre fue el día en que descendió a las calles de Abidján el conflicto político entre los dos presidentes de Costa de Marfil. Lauren Gbagbo y Alassane Ouattara, ambos proclamados presidentes por distintas instituciones están librando un intenso pulso en las últimas semanas para lograr establecer su gobierno como válido y único, pero des del jueves la violencia entró en escena. El campo Ouattara convocó a una marcha de civiles para ocupar la radio televisión nacional, la RTI, lo que desató enfrentamientos entre los dos ejércitos y una ola de represión.
Un gobernante sin trono, otro sin padrinos y una población sin voz
Gbagbo, como jefe de Estado saliente, tenía más a mano los hilos de las instituciones y fue más rápido a reaccionar: se apresuró a jurar el cargo en presidencia y con previsión cercó de protección en uniforme armado los sitios estratégicos, no solo los ministerios, si no también la RTI. Al haber decretado la interrupción de todos los canales extranjeros de información, tanto de radio como de televisión, la RTI es el único canal accesible en Abidjan y en buena parte del sur del país, así que se aprovecha su omnipresencia para justificar sin contraste ni matiz la legitimidad de Gbagbo.
Ouattara en cambio sigue con su flamante primer ministro, Guillaume Soro, y el resto de su ejecutivo, enclaustrado en un hotel de lujo a orillas de la laguna. Las vistas y el confort de la piscina del hotel Golf acompañan la dulzura del apoyo internacional aunque el abastecimiento de víveres y la cebolla militar que le rodea (cascos azules, militares proGbagbo) recuerdan la distancia que les separa del poder real. La Misión de las Naciones Unidas en el país (la ONUCI), le certificó como vencedor de las elecciones, los embajadores de la Unión Europea le han dado la mano posicionándose. También Estados Unidos le respalda. Occidente y los vecinos de la CEDEAO están presionando a Gbagbo para que se vaya, la UE ha decidido sancionar al mismo Gbagbo y a 18 de sus aliados más próximos congelándoles bienes e impidiéndoles viajar a Europa, todo eso para forzar su salida. Pero Ouattara y los suyos siguen atrapados en la “República del Golf”, entre pasillos, militares de las Fuerzas Nuevas (la ex rebelión), soldados franceses y cascos azules.
Consignas antiOnu
Acusada de fuerza parcial, de haber ayudado a los rebeldes a armarse y de haber fracasado su neutralidad, las ONUCI ha recibido la petición de abandonar el país, por parte del gobierno de Gbagbo. La Misión internacional ha ignorado su llamada, por no considerarle el interlocutor adecuado, pero las estructuras proGbagbo han diseñado una estrategia de bloqueo. El recuerdo del movimiento antifrancés de 2004 levantó temores de manifestaciones o ataques, pero por ahora las consignas que han recibido los estudiantes en residencias y universidades son “pacíficas”. “Hay que echarles sin violencia”, asegura un estudiante que ha asimilado bien las normas, es decir: impidiendo a sus vehículos poner gasolina, impidiendo a sus trabajadores comer en los restaurantes, ir a los supermercados o llegar a la playa y animar a los propietarios a que terminen sus contratos de alquiler. La idea es molestarles.
De momento el organismo internacional ya ha realizado dos evacuaciones y ha invitado a su personal a tomar vacaciones anticipadas, mientras Francia, Alemania, Bélgica y España, entre otros países, han recomendado a sus compatriotas que salgan del país. Pero mientras el éxodo preventivo de expatriados continúa -coincide con una navidad que se presenta incierta- los marfileños siguen atrapados entre el enfado, la enorme duda sobre qué va a pasar y el miedo. “Le dimos el poder a Ouattara, le elegimos y él no quiere tomar el poder… Pues que se vaya definitivamente del país y que nos dejen con esta dictadura”, decía F, en un comentario que resume una frustración generalizada entre los mismos seguidores de Ouattara.
Las presiones aumentan y el primer ministro Guillaume Soro ha dicho que la fuerza es la única opción que queda para sacar a Gbagbo. Pero por ahora las actividades se han retomado, muchos comercios han reabierto y el tráfico asfixiante vuelve a pintar la ciudad. El pago de los salarios a los funcionarios entorpece la normalidad como el suministro de gas. Son las trabas cotidianas las que merman los días pre navideños, entre rumores de una intervención militar e intuiciones entre la población de otro largo proceso de inestabilidad y palabras vacías.
www.periodismohumano.com
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