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Ecuador: Glaciares se están reduciendo a un ritmo alarmante.


Desde que el ecologista alemán Alexander Von Humboldt visitara Ecuador en 1802, miles han seguido sus pasos atraídos por los majestuosos volcanes que llevan nombres como Cotopaxi, Chimborazo o Cayambe.

Los científicos que los estudian prefieren no especular sobre cuántas décadas quedan para que los visitantes puedan disfrutar de estos glaciares que coronan los volcanes. Dicen que hay demasiada incertidumbre. Pero están preocupados porque muchos se están reduciendo a un ritmo alarmante.
Un estudio del glaciólogo ecuatoriano Bolívar Cáceres -que se publicará este año- señala que los glaciares del país perdieron el 40% de su superficie entre 1956 y 2006.

Por ejemplo, el Cotopaxi, con su reconocida forma cónica, perdió el 40% de sus hielos desde 1976.

Y uno de los glaciares del Antizana, un volcán cercano, también retrocedió en un porcentaje similar en 50 años.

"Hubo una clara aceleración desde la década de los '80", dice Cáceres, "lo cual es consistente con lo que está pasando con los glaciares tropicales en otras partes de América del Sur y del mundo".

El Niño

A más de 5.000 metros de altura, los glaciares tropicales son particularmente sensibles a los cambios en el clima. Cuando estamos ante la presencia del fenómeno climático conocido como El Niño, que tiende a provocar un incremento de las temperaturas, los glaciares se derriten.

Por otro lado, cuando se presenta La Niña, que está asociada a un clima más frío y a mayores precipitaciones, algunos de los glaciares pueden avanzar o estabilizarse.

"Los últimos meses han sido particularmente inusuales", dice Bernard Francou, un glaciólogo del Instituto Francés de Investigación para el Desarrollo (IRD), que ha estado estudiando los glaciares de Ecuador desde 1994.

"Hemos tenido el índice de precipitaciones más bajo en 40 años", le explicó Francou a la BBC. "Y las temperaturas han sido inusualmente altas". Según él, ésta es la razón que explica que la línea de nieve del Antizana esté unos 300 ó 400 metros más arriba de lo normal (5.300 metros).

Para Francou hay un vínculo entre un El Niño débil en los últimos meses y la elevación de la línea de nieve.

Mathias Vuille, climatólogo de la New York State University, en Albany, Estados Unidos, dice que "las variaciones anuales pueden explicarse mejor de acuerdo al ciclo de El Niño/La Niña, pero la tendencia al retroceso en el largo plazo se explica por el cambio climático antropogénico".

Vuille y otros expertos trabajando en los Andes han registrado cambios en la temperatura en los últimos 70 años, para demostrar que ha habido un aumento en las temperaturas del aire cercano a la superficie de los glaciares de cerca de 0,10ºC por década y un aumento generalizado de 0,68ºC desde 1939.

Suministro de agua

La desaparición gradual de los glaciares no es sólo un problema estético. Varias ciudades andinas dependen de los glaciares para su suministro de agua potable, especialmente en la estación seca.

Sin embargo, estudios recientes indican que al menos en el caso de Quito, que tiene una población de 2,4 millones de habitantes, la contribución del agua que se derrite de los glaciares Antizana y Cotopaxi al suministro de agua podría no ser tan grande como se pensaba.

Marcos Villacís, de la Escuela Politécnica Nacional de Quito, dirige un equipo de investigadores que estudia el suministro de agua a la capital.

"Estimados preliminares indican que entre el 2% y el 4% de la provisión anual de agua en Quito proviene de los glaciares", le dijo Villacís a la BBC. Por lejos, la mayor parte del agua proviene de las precipitaciones.

Algunos estudios previos señalaban que la contribución del agua de los glaciares era de al menos un 10% y posiblemente hasta de un 35%.

Sin embargo, Villacís quiso dejar bien en claro que el agua de los glaciares juega un papel fundamental en el suministro de agua para las praderas de los Andes altos, conocidas como páramos, que actúan como si fuesen una esponja gigantesca, absorbiendo y liberando agua.

"En el Antizana, a una altura de 4.000 metros, la contribución del agua de los glaciares a los páramos puede ser de entre un 20% y un 35%, y es particularmente importante en el período que va de noviembre a febrero, cuando no hay muchas precipitaciones", indicó.

Paramos

Los glaciares de Ecuador tienen una superficie total mucho más pequeña que, por ejemplo, la de los glaciares de Perú y Bolivia. Ambos países también están perdiendo su cobertura glaciar al mismo ritmo que Ecuador.

Villacís está convencido que los científicos tienen que estudiar tanto las praderas de los Andes como los glaciares que están derritiéndose.

"Debemos preocuparnos de igual modo por el efecto del incremento de las temperaturas en los páramos", afirmó. "Sabemos que va a haber más demanda de agua a medida que aumenta la población. Pero no sabemos cómo el cambio climático y la menor disponibilidad de agua de los glaciares va a afectar la capacidad de los páramos para absorber y brindar agua".
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